El neón se transformó en una mosca verde que tiritaba de frío y se aburría.
A esas horas los garitos comenzaban a llenarse de las venus más tristes de la ciudad.
Se derramban copas y sonreían , se tocaban el pelo y sonreían.
Sonreían siempre con sus perfectos labios mordidos y rojos.
Engañándote hasta que aprendías a cogerlas de la mano.
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